Que no te amarguen el día

…ni te lo amargues tú. Lo que quiera que sea que estés viviendo, piensa en positivo, también pasará. Al menos eso es lo que yo hago, pensar en positivo. Y bueno, pues… no me va del todo mal.
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Ayer en la consulta me preguntaban que por qué repetimos tanto de todo, de pareja, de amigos, de errores… En mi opinión porque no cerramos correctamente los capítulos. Pasamos hoja pero no asimilamos lo leído, en este caso, vivido. Conozco demasiada gente, incluso yo mismo en otro tiempo, que se pasa la vida encadenando experiencias similares por no decir exactamente iguales. Rompes una relación «poco saludable» y, al poco tiempo, repites. Unas veces con la misma persona (amarres patológicos) y otras con auténticos clones. No, no va en nuestra naturaleza. Va en nuestra estupidez… Mejor dicho, inmadurez. Unas veces por miedo a la soledad, otras por comodidad y otras tantas porque no te fijas. Vamos, lo de siempre, actos irreflexivos a tutiplén.
Que tengáis un buen día, y una mejor semana.
© Manel Marina

Miedos e indecisiones

Tal día como hoy, hace cuatro años, publiqué «Sé lo que sé» en uno de los blogs actualmente cerrados de Valdelicea. Me ha parecido oportuno reeditarlo por si alguno se ve reflejado.  

Sé que lo sé
Cuando el miedo y la inseguridad atacan nuestra vida nos bloquean de tal manera que en ocasiones creemos morir por la indecisión, al menos eso me pasaba a mí hace unos años. Por no saber, no sabía ni relacionarme con el sexo contrario… Mi mujer, Luz, puede dar fe. Tuvo la santa paciencia de esperar a que terminara «mi entrenamiento». Sí, así fue. Y eso que entonces yo ya rondaba los treinta años de edad, llevaba medía vida viajando y trabajando por el mundo como voluntario de ONG y estaba a punto de conseguir el doctorado en psicología… Por eso cuando leo que hay personas que necesitan ayuda y cuando se la ofrecen no terminan de aceptarla, pienso que seguramente son «de los míos».
Otro error que cometí cuando estaba en plena crisis aguda de indecisión, fue creerme autosuficiente. Equivocadamente pensaba que un «simple coach» no podría saber más que yo, craso error. Principalmente porque el coach que me atendió desde el primer momento no era simple en nada. Tenía la experiencia y la formación de diez… Pero, claro, reconozco que hasta entonces lo conocía muy superficialmente. Y eso que era y es uno de los mejores amigos de mi padre.
Hoy, superados y enterrados para siempre todos mis miedos e indecisiones, soy padre de dos hijas preciosas. Mi mujer y yo, aunque seguimos colaborando con Valdelicea, estamos planeando establecernos en EE UU. Pero sobre todo lo que más hacemos es agradecer cada día la suerte de aquel entrenamiento… personal para la vida.
Gracias Capitán, tú lo hiciste posible.
© Alberto Mateos

David contra Goliat

Aun estando a más de ocho mil kilómetros de España me entero de todo. Así por ejemplo sé que un amigo, mi amigo, ha tenido su particular debate del mes. Más que debate, contienda. Eso sí, una muy desigual… Lo propio cuando el sordo capital debate con la justicia social.

Repasar de vez en cuando la historia sirve para recordar que no siempre gana el más fuerte; por ejemplo, David contra Goliat.

Como «mi David» es muy de Teruel, y también existe, cada vez que percibe una injusticia salta como un gato. El detalle es lo de menos, lo importante es que con el pasar de los años no ha perdido ni un ápice su capacidad de reacción y lucha. Por eso y por mucho más pido a Dios cada día que le de salud para que pueda seguir patroneando nuestra nave, por lo menos, otros diecisiete años más.

¡Bien hecho!

© Lucía Arranz